POLÍTICAS Y REFORMAS EDUCATIVAS EN LOS 90

Salvar la enorme brecha entre la situación deseada y el punto de partida
respecto de la cuestión docente, particularmente en los países en desarrollo,
requeriría un esfuerzo titánico, una estrategia sostenida y de largo plazo,
medidas urgentes y políticas sistémicas, todo ello en el espíritu de una
revisión profunda e integral del modelo escolar y de la situación docente en
sentido amplio, y de un viraje radical en los modos de hacer política
educativa, tradicionalmente sesgada hacia la inversión en cosas (infraestructura,
tecnología, etc.) antes que en personas, las cantidades antes que las
calidades, y el corto plazo por sobre el mediano y el largo plazo. No obstante,
las políticas y medidas que vienen tomándose en los últimos años de cara al
“problema docente”, tanto a nivel global como nacional, están lejos de
responder a la complejidad y la urgencia de la situación y, más bien, están
contribuyendo a reforzar algunas de las tendencias más negativas hacia la
desprofesionalización del magisterio
Las
condiciones, la especificidad y la heterogeneidad de los “países en desarrollo”
Las políticas
educativas impulsadas en los países en desarrollo han estado históricamente
moldeadas por los modelos escolares, las ideas y las políticas impulsadas, en
cada momento, en los países desarrollados. La premisa subyacente ha sido la de
que lo deseable para los primeros coincide con lo ya implementado en los
segundos, en el mismo eje más-menos que los ha diferenciado como más/menos
desarrollados, asumiéndose así el problema y la solución como un avance lineal
hacia la situación ya lograda o deseada por los que “están más adelante”. Los
organismos internacionales han tenido un papel clave como mediadores en dicha
transportación de ideas y modelos hacia los países recipientes, los cuales, a su vez, han tendido a
incorporarlos de manera crítica. El tradicional “retraso” en la llegada de
esas ideas y modelos se ha reducido notablemente en los últimos años, dado el
acelerado avance de las comunicaciones y el papel cada vez más (pro)activo de
las agencias internacionales, particularmente los bancos, en la definición y
financiamiento de las políticas educativas en los países en desarrollo a nivel
mundial.

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