
Para un nuevo docente Las instituciones y programas de
formación docente han sido la mejor “escuela demostrativa” de la escuela
transmisiva, autoritaria, burocrática, que desdeña el aprendizaje. Construir
una escuela diferente implica, por eso, un compromiso prioritario con la
transformación del modelo tradicional de formación docente. Como mínimo, dicho
compromiso es uno de coherencia: no es posible continuar pidiendo a los
docentes que realicen en sus aulas lo que no ven aplicado en su propia
formación.
Tanto a nivel de contenidos como de enfoques, métodos, valores y
actitudes, debe existir coherencia entre lo que los educadores aprenden (y cómo
lo aprenden) y lo que se les pide que enseñen (y cómo enseñen) en las aulas.
- Los docentes como sujetos, no como beneficiarios El diseño de políticas, planes y programas de formación docente requiere la participación activa de los docentes y sus organizaciones, no únicamente como destinatarios sino como sujetos que aportan un saber y una experiencia esenciales para el diagnóstico, la propuesta y la ejecución, y como sujetos que tienen la oportunidad de aprender y avanzar ellos mismos en ese proceso.
- Visión estratégica y estrategia de largo plazo: Formar recursos humanos es inversión y tarea de largo plazo, que exige esfuerzos sistemáticos y sostenidos. Esto implica una visión estratégica que supere la mentalidad cuantitativista (número de cursos, horas, créditos, etc.) y de corto plazo (modernamente encarnada en la cultura del proyecto), dentro de la cual la propia formación docente pase a ser pensada como una estrategia.
- Articular formación inicial y en servicio: Se ha dicho repetidamente que formación inicial y en servicio deben ser vistas como parte de un mismo proceso, superando la tradicional separación (e incluso moderna disyuntiva) entre una y otra.
- Recuperar la práctica como espacio privilegiado de formación y reflexión: La práctica pedagógica es el espacio más importante, permanente y efectivo de formación docente, como lo advierten los propios docentes. Reflexionar sobre lo que se hace, para comprender y aprender de lo que se hace, es la clave del “profesional reflexivo” (Schon, 1992). Reflexionar sobre los propios modos de aprender y enseñar es un elemento clave del “aprender a aprender” y del “aprender a enseñar”.
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