
- Si disfrutan lo que hacen, los niños sentirán esto y será muy probable que disfruten lo que ellos hacen.
- Si eres sensible, es muy factible que los niños lo sean.
- Dar a los niños un sentimiento de seguridad y pertenencia, es decir, los niños necesitan sentirse seguros, necesitan saber que la maestra es alguien que se preocupa por ellos, que los escucha, que los apoya y alienta.
- Hacer que los niños sientan que su trabajo es respetado.
- Planear actividades que fomenten la independencia y el éxito, es decir, posibilitar el desarrollo de habilidades y sentimientos de bienestar con respecto a sí mismos.
- Demostrar que comprenden el desarrollo del niño, proporcionando actividades y materiales apropiados.
- Tratar a cada niño como una persona única.
- Ayudar a los niños a manejar los conflictos; en este sentido, la maestra no debe solucionar los problemas, sino que debe presentar al niño las distintas alternativas para que pueda resolverlos por sí mismos.
La
maestra debe ayudar a que los niños hablen sobre el problema,
comprendan qué lo provocó, y decidir entre los implicados
cuál sería la solución.
- Aceptar los sentimientos de los niños.
- Guiar el aprendizaje de los niños; aquí la maestra debe tener claridad sobre las capacidades, fortalezas y debilidades de cada niño en todas las áreas del desarrollo, con el fin de ofrecer oportunidades de aprendizaje.
- Actuar como modelos de su papel, es decir, la maestra debe ser coherente entre lo que dice y hace dentro y fuera del ámbito escolar.
- Mostrar respeto a los demás adultos que son importantes para el niño. La forma como los niños sienten acerca de sí mismos está íntimamente relacionada con sus sentimientos hacia la familia, los amigos y la comunidad. Los maestros que respeten y se den cuenta de esto, serán más eficaces en el salón de clase.
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